Destitución del fiscal de la CPI reabre el debate sobre su independencia
La Asamblea de los Estados Partes removió a Karim Khan tras una investigación por una denuncia de conducta sexual inapropiada. La decisión, cuestionada por su defensa, vuelve a poner bajo análisis la independencia institucional de la Corte Penal Internacional y el futuro de las investigaciones sobre crímenes internacionales.

La destitución del fiscal de la CPI Karim Khan fue aprobada por la Asamblea de los Estados Partes, el órgano de gobierno de la Corte Penal Internacional, luego de una investigación interna vinculada con una denuncia de agresión sexual presentada por una integrante de su equipo. El funcionario británico ya estaba apartado de sus funciones mientras avanzaba el procedimiento y sus abogados anticiparon que impugnarán la decisión por considerar que se vulneró su derecho de defensa.
La resolución fue adoptada mediante una votación secreta durante una reunión extraordinaria celebrada en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Aunque la Corte Penal Internacional no integra el sistema de Naciones Unidas, ambas instituciones mantienen vínculos de cooperación y la Asamblea de los Estados Partes utilizó ese ámbito para llevar adelante la sesión.
Para ampliar el marco general del tema, conviene revisar también esta destitución del fiscal de la CPI como referencia de contexto.
Según la información publicada por Ámbito, la remoción reunió 82 votos favorables sobre un total de 125 Estados miembros. El número superó el mínimo de 63 sufragios necesario para poner fin anticipadamente al mandato del fiscal. La decisión no equivale, por sí sola, a una conclusión judicial sobre la denuncia: se trata de una medida institucional adoptada dentro del marco de gobierno de la CPI.
Destitución del fiscal de la CPI: qué resolvieron los Estados miembros
Karim Khan asumió la conducción de la Fiscalía en 2021, con un mandato orientado a investigar crímenes de competencia de la Corte, entre ellos genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. La Asamblea de los Estados Partes, integrada por representantes de los países que adhirieron al Estatuto de Roma, tiene atribuciones administrativas y políticas para supervisar el funcionamiento general del tribunal.
La decisión fue precedida por una suspensión dispuesta por la Mesa de la Asamblea, un órgano compuesto por 21 integrantes. Además, Khan había sido apartado de la investigación vinculada con el expresidente filipino Rodrigo Duterte, acusado ante la CPI por presuntos crímenes de lesa humanidad. La remoción definitiva pone fin a su desempeño como fiscal, aunque no necesariamente clausura las investigaciones o actuaciones impulsadas durante su gestión.
La información disponible no permite afirmar que la votación haya establecido la responsabilidad penal o disciplinaria definitiva de Khan. El expediente de investigación no fue difundido íntegramente al público y la defensa sostiene que los elementos reunidos no demostrarían una conducta reprochable. Por eso, el alcance jurídico de la medida debe diferenciarse de una condena judicial: la Asamblea resolvió sobre la continuidad del funcionario en el cargo, mientras que las controversias sobre el procedimiento podrían continuar por otras vías.
La denuncia y el reclamo de garantías para la defensa
La investigación comenzó a partir de la acusación formulada por una abogada de origen malasio que trabajaba en la estructura de la Fiscalía. La denunciante, identificada públicamente como Sarah, sostuvo que existió una escalada de intentos de agresión y describió una relación marcada por una fuerte asimetría jerárquica. Sus declaraciones públicas reactivaron el debate sobre las obligaciones de prevención, investigación y sanción de conductas abusivas dentro de organismos internacionales.
Los abogados de Khan cuestionaron la forma en que se desarrolló el proceso. Antes de la votación difundieron una carta dirigida a los Estados miembros en la que pidieron rechazar la destitución y señalaron que los informes que sustentaban la investigación no habían sido publicados. Desde esa perspectiva, una remoción basada en documentación no conocida por la defensa podría afectar principios elementales del debido proceso, como el acceso a la acusación, la posibilidad de controvertir la prueba y el derecho a ser oído por una autoridad imparcial.
El carácter reservado de la votación fue justificado por la naturaleza delicada y compleja del caso. La confidencialidad puede buscar proteger a denunciantes, testigos y personas involucradas, especialmente cuando existen acusaciones de violencia sexual. Al mismo tiempo, el secreto plantea interrogantes sobre el nivel de transparencia que debe regir una institución encargada de investigar los delitos más graves del derecho internacional.
Un conflicto entre protección institucional y transparencia
El caso expone una tensión frecuente en los procedimientos disciplinarios: la necesidad de preservar la intimidad y la seguridad de las personas denunciantes frente al interés público en conocer las razones de una decisión que afecta a la máxima autoridad de la Fiscalía. Una salida institucional equilibrada requiere proteger los datos sensibles sin impedir el control posterior sobre la legalidad, la imparcialidad y la suficiencia del procedimiento.
La discusión también tiene una dimensión laboral y administrativa internacional. Los funcionarios de organismos multilaterales no quedan fuera de las reglas de conducta, pero las medidas contra ellos deben respetar los reglamentos internos y las garantías aplicables. La eventual impugnación anunciada por la defensa podría concentrarse en la competencia del órgano que decidió, la regularidad de la investigación, la proporcionalidad de la remoción y el acceso efectivo a los antecedentes.
El contexto político de las órdenes contra Netanyahu y Putin
La salida de Khan ocurre después de una etapa de alta exposición internacional de la Fiscalía. Durante su gestión se impulsaron actuaciones relacionadas con Ucrania, Libia, Sudán, Afganistán y otros escenarios de conflicto. También se emitió una orden de arresto contra el presidente ruso Vladimir Putin por la presunta deportación y el traslado ilegal de niños desde zonas ocupadas de Ucrania hacia Rusia.
El fiscal quedó especialmente cuestionado por solicitar órdenes de detención contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el entonces ministro de Defensa Yoav Gallant en relación con la guerra en Gaza. En paralelo, la Fiscalía reclamó medidas contra integrantes de Hamas. Esas iniciativas colocaron a la CPI en el centro de una disputa diplomática que excede el trámite estrictamente judicial.
Estados Unidos, Israel y Rusia no son Estados partes del Estatuto de Roma, aunque Estados Unidos participó en la reunión por su condición de integrante de Naciones Unidas. Washington había aplicado sanciones económicas contra Khan y le había prohibido el ingreso a su territorio después de las actuaciones contra funcionarios israelíes. Israel, por su parte, celebró públicamente la destitución y cuestionó la legitimidad de las órdenes solicitadas.
La presión externa no determina automáticamente la validez o invalidez de una actuación judicial internacional. Sin embargo, puede afectar la percepción de independencia de la Fiscalía y la disposición de los Estados a cooperar con la Corte. La CPI depende en gran medida de la colaboración estatal para reunir pruebas, ejecutar órdenes de arresto y trasladar personas sometidas a proceso.
Qué ocurre ahora con las investigaciones de la Corte Penal Internacional
La destitución del fiscal no implica que desaparezca la competencia de la CPI sobre las situaciones que ya se encuentran bajo examen. Las investigaciones pertenecen a la institución y no al funcionario en forma personal. Por esa razón, los expedientes deberían continuar bajo la conducción de una autoridad interina o de quien sea designado para ocupar la Fiscalía conforme a las reglas del Estatuto de Roma y de la Asamblea.
El cambio de conducción puede producir demoras administrativas, revisión de prioridades y modificaciones en la estrategia procesal. También puede impactar en la coordinación con equipos de investigación, en la relación con víctimas y testigos y en los pedidos de cooperación dirigidos a los Estados. La continuidad efectiva dependerá de la capacidad de la nueva conducción para preservar los equipos técnicos y sostener las actuaciones con criterios jurídicos verificables.
En los procesos internacionales, una orden de arresto no equivale a una condena. Requiere una evaluación judicial sobre los presupuestos previstos por el Estatuto de Roma, pero su ejecución suele depender de que el Estado donde se encuentre la persona requerida decida cooperar. La remoción de Khan, por lo tanto, no borra automáticamente las decisiones previas ni resuelve las impugnaciones que puedan presentar los acusados.
La sucesión y el riesgo de pérdida de confianza
Uno de los desafíos centrales será designar una conducción que pueda recuperar credibilidad entre los Estados miembros y, al mismo tiempo, preservar la autonomía de la Fiscalía. Si los futuros fiscales interpretan que las investigaciones contra autoridades poderosas pueden derivar en sanciones políticas, podrían actuar con mayor cautela. Si, por el contrario, los mecanismos de control interno son vistos como débiles, la institución podría enfrentar cuestionamientos por falta de rendición de cuentas.
El equilibrio es especialmente relevante para las víctimas de crímenes internacionales. La eficacia de la Corte no depende únicamente de sus resoluciones, sino también de la confianza de quienes aportan testimonios, documentación y denuncias. Un proceso disciplinario transparente, respetuoso de la privacidad y compatible con el derecho de defensa resulta necesario para evitar que las disputas internas afecten el acceso a la justicia.
La destitución del fiscal de la CPI y sus efectos sobre la cooperación internacional
La decisión puede tener consecuencias prácticas en la relación entre la Corte, los Estados partes y los países que no adhieren al Estatuto de Roma. Los gobiernos que ya cuestionan la actuación del tribunal podrían utilizar el caso para reclamar controles adicionales sobre la Fiscalía. En sentido contrario, los Estados que respaldan la independencia judicial pueden considerar que la remoción, si no se explica adecuadamente, debilita la capacidad de investigar delitos cometidos por autoridades estatales o grupos armados.
Para las empresas, organizaciones humanitarias y profesionales que trabajan en zonas de conflicto, la continuidad institucional también es relevante. Las investigaciones internacionales pueden requerir registros corporativos, información financiera, imágenes satelitales, comunicaciones y documentación sobre cadenas de mando. La incertidumbre sobre la conducción no elimina las obligaciones de preservación y entrega de información que puedan surgir de normas nacionales, órdenes judiciales o acuerdos de cooperación.
Las personas vinculadas con investigaciones de la CPI deben distinguir entre una noticia política, una actuación de la Fiscalía y una decisión judicial. La existencia de una denuncia o de una solicitud de arresto no acredita por sí misma responsabilidad. Del mismo modo, la destitución del fiscal no permite concluir que las acusaciones investigadas hayan sido descartadas. Cada actuación conserva su propio estándar jurídico y debe ser examinada según el expediente correspondiente.
La visibilidad pública de la CPI queda atada a cómo explique su decisión
Desde el punto de vista de la legitimidad institucional, la remoción tendrá efectos duraderos si la Asamblea de los Estados Partes no comunica con precisión sus fundamentos y los pasos posteriores. La transparencia no exige divulgar información que pueda revictimizar o poner en riesgo a una denunciante, pero sí explicar qué normas se aplicaron, qué órgano intervino, qué garantías tuvo la defensa y qué mecanismos de revisión permanecen disponibles.
Para los Estados y actores privados que deben evaluar riesgos legales internacionales, será importante seguir la designación del reemplazante, el resultado de las impugnaciones y las instrucciones que adopte la Fiscalía respecto de los expedientes abiertos. La evolución puede incidir en pedidos de cooperación, medidas cautelares, desplazamientos internacionales y análisis de responsabilidad de funcionarios o empresas vinculadas con operaciones en territorios bajo investigación.
La situación demuestra que la justicia penal internacional combina normas, procedimientos y decisiones institucionales con una fuerte dimensión diplomática. La salida de Khan no resuelve las controversias sobre Gaza, Ucrania ni las demás situaciones examinadas, pero sí obliga a revisar cómo se protegen la independencia de la Fiscalía, los derechos de las personas denunciadas y la participación de las víctimas.
El dato central para quienes siguen estos procesos es que la Corte continúa funcionando y que las actuaciones previas no quedan anuladas por el cambio de fiscal. Hasta que se conozcan nuevas decisiones oficiales, corresponde evitar conclusiones definitivas y distinguir cuidadosamente entre la investigación disciplinaria contra Khan, las órdenes solicitadas durante su gestión y los procesos que eventualmente continúen ante los jueces de la CPI.
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